LO QUE SE VE NO SE PREGUNTA. ¡NO ME PROVOQUEN!

           “No uso palabras rebuscadas por que no me las sé”

Alberto Aguilera Valadez

(Primera de tres partes)

Las nuevas generaciones encontrarán en estas semanas la oportunidad de conocer a uno de los personajes mas singulares del México contemporáneo. Quienes nacieron en este siglo difícilmente conocen la obra del canta-autor Juan Gabriel y menos reconocen a Alberto Aguilera Valadez como el mexicano más exitoso en la industria musical mexicana. La empresa de servicios de transmisión de televisión Netflix ha programado desde hace unos días el documental en cuatro episodios “Debo, puedo y quiero” sobre la vida de este cantante y compositor nacido en Parácuaro, Michoacán en 1950, y fallecido en su residencia de Santa Mónica en el año 2016. Sucedió un 28 de agosto tan sólo dos días después de dar su último concierto en el Forum de Los Ángeles, California.

Juan Gabriel actuó en cinco largometrajes como coestelar: “Nobleza Ranchera”, “En esta Primavera”, “Del otro lado del Puente”, “Noa Noa” y “Es mi vida” que relataban a través de la ficción parte de su biografía. Hubo también intentos de documentar su historia en series como “Hasta que te conocí” emitida por Prime Video de Amazon; o el Podcast del productor y amigo de Alberto Aguilera, Vany Lozano “Así Fue”. Estamos hoy frente a una pieza que explica y contextualiza desde lo humano la vida del señor Aguilera basado en imágenes y testimonios reales y fidedignos que describen a ese señor que con sus letras y estadísticas nos platican una época. Con certeza el mejor trabajo visto hasta ahora sobre el peculiar personaje.

La promoción de la serie de Netflix se vio ampliamente reforzada por la proyección espectacular a tres pantallas gigantes en la plancha del Zócalo capitalino del primer concierto del Divo de Juárez en la sala principal del Palacio de Bellas Artes en la Alameda Central del entonces Distrito Federal ocurrido el 9 de mayo de 1990. Se presentó ahí cuatro días consecutivos del 9 al 12 de mayo en el marco del día de las madres de ese año. Él mismo confesó que fue un favor en pago al apoyo que brindó a la campaña presidencial de Carlos Salinas. Tuvo dos presentaciones más en el Gigante de Mármol. Una por sus veinticinco años y otra por sus cuarenta años de carrera. La última vez que Juan Gabriel se presentó en vivo en el Zócalo llevó a 350 mil asistentes y les cantó durante largas cinco horas lo mejor de su catálogo musical. La invitación provino del Jefe de Gobierno Andrés Manuel López Obrador. “Él quiso que yo estuviera aquí, y cuando ustedes quieran que me vaya me dicen”, preguntó cinco horas después de iniciado el concierto.

Cifras alegres, Cifras que bailan

Cifras más cifras menos, los expertos –no interesados políticamente- consideran este concierto gratuito como el de mayor asistencia en la historia capitalina. (en este rubro las cifras danzan como bailarinas: se afirma que Los Fabulosos Cadillacs y Residente llevaron 300 mil asistentes; el Grupo Firme 280; Chente Fernández 217 mil y Shakira 210 fans. A Paul Mc Cartney sólo le reconocen 200 mil, en fin cada quien sus datos).

Las funciones de Bellas Artes estuvieron rodeadas de una enorme polémica tanto en los medios de comunicación como en los círculos culturales que cuestionaban el valor o la calidad de las obras de Juan Gabriel.  Sus poses y sus expresiones desparpajadas aún escandalizaban a conciencias atoradas en el tiempo y la moral. Los generales de la alta cultura detestaban el hecho, y en editoriales, entrevistas o ensayos sesudos argumentaban el rechazo a las expresiones del populacho en voz de un “jovencito amanerado e ignorante”.

Este sábado ocho a las ocho, sin costo para los asistentes se vio completo ese primer concierto en la CDMX. La empresa productora Mezcla comandada por Laura Woldenberg e Ivonne Gutiérrez y por María José Cuevas Riestra, directora de “Juan Gabriel, Debo, puedo y quiero”, se hicieron cargo de dar vida al documental (María José dirigió hace unos años la cinta testimonial Bellas de Noche sobre las estrellas de los cabarets capitalinos, dueñas ellas de las marquesinas mas importantes de las salas de espectáculos de los años 70`s. Nos referimos a la rusa-mexicana Olga Breeskin; Lyn May chino-mexicana; la argentina Princesa Yamal; la nayarita Rosy Mendoza y la paraguaya Wanda Seux). Es inevitable comentar que los padres de la directora fueron la psicóloga Bertha, pionera de la educación Montessori, promotora cultural y fundadora del Museo Cuevas casada con el enfant terrible de los sesentas el pintor José Luis Cuevas. Su padre fue famoso entre muchos otros temas por dibujar mujeres galantes que iba descubriendo en los teatros de primera y de segunda. Asistía frecuentemente a dibujar internos en el tristemente célebre Hospital “La Castañeda” donde su hermano Alberto atendía a pacientes con severos problemas psiquiátricos. Ahí conoció a la madre de la cineasta Cuevas. Ahí también Alberto Aguilera perdió el rastro de su propio padre Don Gabriel.

 Tal vez vio usted “La Mataviejitas” o “Zona Divas”, son de este mismo grupo de trabajo de documentalistas. La serie “Debo, puedo y quiero” tiene una característica peculiar: está armada con muchos minutos de material inédito de origen familiar. Son escenas muy caseras que la familia de Alberto, amigos cercanos, y productores fueron filmando en el antiguo formato súper ocho y grabando en los casetes y primeros videos Beta o VHS. Por fortuna a pesar de no estar almacenados y clasificados en condiciones mínimas para un uso posterior, sobrevivieron al tiempo y la humedad. Miles de fotografías, negativos, películas y cintas de audio sobrevivieron a las inclemencias ambientales y a los meses y los años implacables casi siempre.

Por el ojo de una cerradura

 La miniserie repasa pasajes y reflexiones sobre el personaje de peso completo en la historia de la farándula nacional e internacional. Se conocen intimidades de manera respetuosa buscando el dato o la imagen relevante apoyadas en voces en off de personas muy, muy cercanas al cantante a modo de segundo narrador. Primero habla Alberto, luego su gente y después la narrativa que se encuentra en su vasta obra musical.

La revista especializada Billboard calificó en las posiciones mas altas en diversas ocasiones la obra de Juan Gabriel. Ya sea como intérprete o como compositor siempre se ubicó en los primeros lugares de la balada, bolero o pop en español durante casi cuarenta años.

Recibió centenas de condecoraciones, discos de oro o platino, medallas y trofeos por audiencias en radio o asistencias a los en vivo que siempre eran sold-outs como se dice hoy. La revista Rolling Stone, la publicación más importante musical mundial ubica a Juan Gabriel como el artista 172 de los 500 más influyentes artistas desde que se tiene registro. Para algunos críticos musicales es el padre de la balada ranchera que tomaba partes de los boleros y las rancheras y parte de las canciones de mariachi ensambladas con una inconfundible -y muy imitable– voz chillona.

Se llenó el Zócalo capitalino con un estimado ahora de 170 mil fanáticos y fanáticas de todas las clasificaciones sexuales aceptadas. Se llenó el Zócalo de personajes disfrazados de Juanga y también de cabecitas blancas que siguieron al ídolo desde que a sus veinte años -quizás de ambos, público y artista-se presentara exitosamente hasta el día de su partida. También se llenó de vendedores de cosas de comer, de tomar y toda la parafernalia de una verbena popular auténtica. No hubo discursos chocantes ni protocolo alguno. Lo curioso lo iba registrando una cámara llamada “duele bonito” que le agregaba al espectador escenas chuscas y tiernas propias de un público entregado y canoro.

Fernando González Domínguez

Director General de Factor D Consultores

De la Redacción

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