“Me encanta que me imiten, Juan Gabriel es suyo. Se los regalo”
Alberto Aguilera Valadez
(Tercera de tres partes)
El trabajo de la productora Mezcla para Netflix rescata un tesoro escondido en el fondo del mar. Como si fueran cofres repletos de oro hundidos con todo y su capitán cantando, el Acervo Aguilera contenía miles de horas y fotografías que cuidadosamente el señor Alberto fue ordenando su producción e incluso él mismo tomaba su camarita súper ocho o sus flamantes VHS y Betamax para grabar cuanto se le antojaba. Se ve despertarse una mañana (seguro pensando en la canción “Señor Sol”); o comprando la casa que su señora madre alguna vez limpió; o caminando por la playa de Cancún imaginando Siempre estoy pensando en ti).
Aparecen muchas escenas del ambiente familiar que dibuja a un Juan Gabriel sin sus lentejuelas, en playera y en calzones justo la mañana posterior al apoteósico concierto en el Palacio Blanco de las Artes Bellas jugueteando con sus hijos en su condominio de las Lomas de Chapultepec.
La selección de esas escenas entre miles que se revisaron es muy acertada. Poca gente sabe que Alberto formó una familia nuclear con cuatro hijos: Ivan -biológico-, Jean, Hans y Joan todos Gabriel. Existe un quinto hijo mayor que todos que al parecer sólo estuvo en su vida sus primeros días de adolescente, se llamaba curiosamente Luis Alberto Aguilera ) Esa familia con los pequeños y la hermana de su amigo Jesús, Laura Salas, la gran cómplice de Aguilera. Paco Fernández y otras colaboradoras y colaboradores, además de amistades muy escogidas eran una especie de refugio. Le devolvían el aliento al volver de un concierto o una gira, incluso cargaba con todos muchas veces. Hasta con el perro porque no tenía perico, tenía una cacatúa de nombre “Paulina”.
Con toda seguridad cada vez que firmó un documento de adopción, cada vez que visitó el colegio de alguno de ellos o cada vez que visitaba el rancho en Santa Fe construido especialmente para los niños, le recordaban la amargura de su infancia abandonado por su madre y huérfano sin saber bien a bien en donde quedó su padre Gabriel de quien toma su segundo nombre. El primero lo toma de su maestro Juan.
Como quisiera…
Se ve que quiso recomponer su relación materna con doña Victoria, pero poco logró pues la señora disfrutó sólo unos años de la carrera de su hijo cantante que compraba casas y lujos que le fueron negados hasta que Alberto se transformó en Juan Gabriel y se lanzó a los 21 años a conquistar al público con sus canciones. Victoria Valadez partió y Alberto le escribió la canción más escuchada en bares, cantinas, salones de fiestas y reuniones familiares: Amor Eterno con la que he visto llorar a mas de un bigotón, y a mariachis completos incluido el del tololoche los días 10 de mayo. Justo así ocurrió este sábado en la plancha del Zócalo capitalino. Rostros tristes con los ojos húmedos que cantan a la par de Juan Gabriel pensando en el más triste recuerdo de Acapulco conmemorando a su propia mamá.
El gran conquistador -así lo califica la directora Cuevas- logró el cometido con las audiencias de México y los países de habla hispana. Logró en el mercado americano llenar como nadie el estadio Rose Bowl de Pasadena, California. Ningún latino lo ha hecho como él. Ese concierto le provocó a Televisa una severa contrariedad: Vetó a todas sus amigas cantantes invitadas a acompañarle. La razón es que lo producía la empresa Telemundo. Se rebeló y textual le dijo a Televisa “no soy tuyo y existen muchas otras televisoras”. El vetado fue la empresa. “Ni que tuviera la rabia”, dijo contrariado.
Por cierto, probablemente ya de él se han olvidado: la emisión de mayor audiencia o al menos una de las más vistas de toda la historia de la televisión mexicana fue la emisión de Mala Noche No que conducía la ahora Diva de México Verónica Castro. Duró toda la noche. Terminó con la luz del sol. La conductora confió hace poco que a mitad de la emisión, durante comerciales Juan Gabriel le dijo que debían acabar ya pues él tenía que trabajar en Puerto Rico y apenas llegaba a tomar su vuelo. El Señor Dueño del canal 2 se entera de ello y le ordena a la “Veros” que por ningún motivo termine el programa. Tenían un registro de audiencia altísimo, impensable en ese horario. Otro trancazo pero en tv en vivo. El show tenía que continuar. Juanga aceptó un aventón a la bella isla en el avión de Don Jefe que puso a su disposición para que cumpliera su compromiso. (en ese programa se dieron un “piquito” que recordó la cascada de besos que se dieron para la pantalla grande en sus primeros años de actriz y actor. Ahí mismo aceptó que no le incomodaba que le dijeran “Juanga” la síntesis le parecía correcta).
Toma chocolate y paga lo que debes
En la serie documental aparecen innumerables escenas de vuelos privados, Alberto-Juan Gabriel había llegado ya a la cima del mundo ( como la canción Top of the World de Los Carpenters, “miraba hacia abajo la creación”) Llegó a cobrar un millón de dólares por concierto. Compró muchas casas dice el documental pero también le faltó al respeto a las haciendas de USA y de México. En Hermosillo fue capturado pero la presión social ablandó a los duros del SAT y como él dijo “todo se resuelve con dinero y hablando”. Perdío sus casas -por soberbio argumenta Isela Vega su amigocha- al analizar ese momento de la vida de un ya regordete o más bien un “regordote” Juanga.
Existen muchos conciertos icónicos en la carrera del divo de Juárez: obviamente Bellas Artes; el de la Plaza de Toros México, que días después se celebraba para el pueblo -que no cupo en Bellas Artes- con el mismo elenco y programa que el de los ricos, fotografiado nada menos que por el futuro ganador del Oscar Emmanuel “Chivo” Lubeski con quien juguetea el Divo cantando bajo la lluvia. El del Rose Bowl; sus presentaciones en el Auditorio Nacional y las del Centro de Espectáculos Premier. Pisó todas las arenas, palenques y recintos masivos de México y de Latinoamérica y las zonas “mexicanas de USA”. Fue muy querido -como su Querida– por todos esos países. En su momento “Querida” fue calificada como la canción de la década por tanto tiempo encabezando las listas de preferencias.
Tuvo una manager-mamá excepcional viuda del famoso músico y cantante Luis Arcaraz (coautor de “Bonita” con Tin-Tan; “Viajera” con Javier Solís o “Quinto Patio” con Emilio Tuero) María Luisa Arcaraz. Al enviudar en 1962 la señora conservó el apellido de su esposo. Llevó a Alberto de la mano del Palacio Negro al Palacio Blanco. Se adoraron y se separaron después de casi 20 años. María Luisa enviudó de nuevo con la muerte del Divo. Se fue tras él a sólo un mes del infarto en Santa Mónica. (Tres de los hermanos Aguilera murieron siendo aún bebés. Tres adultos murieron de infarto fulminante entre ellos Alberto).
Adoptó a Dario de León también célebre manejador del medio musical. En esa etapa recuperó con su apoyo su catálogo apropiado a la mala por las casas productoras y los obligó a devolverlo a cambió de siete nuevos discos (antes que la Taylor Swift, por cierto). De esos, tres discos lograron algo inédito: el primero, segundo y tercer lugares de las listas de preferencias. Fueron dueto I y II y Bellas Artes.La obra en duetos es también un enorme legado.
Se sabe que el beneficio de los conciertos fue directamente a la compra de instrumentos de la máxima orquesta mexicana, y también para apoyar a la escuela de niños juarenses de “Semjase”, diosa de la música según JG, patrocinada al cien por ciento de su bolsa. Un dato: la Sinfónica Nacional era entonces dirigida por el maestro Luis Herrera de la Fuente. Se negó terminantemente a dirigir a la OSN y los coros con el señor Aguilera cantando en Bellas Artes. El maestro Enrique Patrón aceptó dirigir y creó con el Divo una química muy visible en el documental.
Una cara joven, casi niña
Para este trabajo miré la serie de cuatro capítulos dos veces: de corrido la primera vez como acostumbro con las miniseries y la segunda revisión fue por partes. Iba escribiendo mis notas y detenía la emisión. Hubo escenas curiosas como ver a Olga tocando su violín completamente vestida en plan de mamá, y al divo apagando velitas con todos sus hijos. Se le ve contrariado buscando la ropa para su próxima presentación. Hablando con María Félix por teléfono desde París con el cuadro de Diego Rivera de fondo; y bailando con la sempiterna morelense Elsa Aguirre en su cumpleaños 41 cuando cerró el mítico Baby `O de Acapulco al ritmo de la famosa blusera Etta James. Fiestón Loco decían las crónicas de sociales.
También me sorprendió verlo ensayar con su mítica pareja Rocío Dúrcal. La química entre ambos era sorprendente. En otras escenas íntimas se le ve jugueteando y chismeando con Daniela Romo y su pareja Tina Galindo, y a Ana Gabriel su tocaya sinaloense, intérprete favorita de la obra de Juanga descalzos todos y apoltronados en un sofá. Aparece a cuadro la atrevida Diva de los 70`s Isela Vega, comadre y “mamá” de Alberto como ya dijimos.
Hubo una escena que me cautivó -por lo que leo en comentarios y reacciones en redes no fui el único, fuimos seguramente miles-de una jovencita cantando. En un concierto en la Plaza Calafia de Mexicali, Baja California: Juan Gabriel inicia la interpretación de “Yo no sé qué pasó”, y a unos metros desde la arena en la primera fila se encuentra un grupo de chicas emocionadas que cantan tímidas, y a destiempo a la voz del cantante. Al centro, en cambio una jovencita canta llorosa con toda emoción. Imposible no verla. Juan Gabriel la mira y le pide al camarógrafo que la enfoque a ella que se sabe perfecto la canción y la interpreta prácticamente a dúo con el divo. La emoción de la muchacha es de verdad conmovedora, y se ve a Alberto Aguilera Valadez emocionarse también como nosotros muchos años después de grabada la escena. Está en el capítulo tres. Laura Woldenberg, Ivonne Gutiérrez o María José ya la localizaron. Les grabó un mensaje publicitario del concierto acompañada de su hija y su nieta. Se llama Alicia González. Estuvo en la proyección de este sábado pasado. Mis respetos para la editora. Esa escena lo dijo todo.
Fernando González Domínguez
Director General de Factor D Consultores

