El momento más tenso del indulto navideño ocurrió cuando el secretario del Ayuntamiento, Héctor Rafael Ortiz Orpinel, se dirigió con dureza a los infractores del Cerecito. Con evidente molestia, les recordó que al ponerse al volante en estado de ebriedad se colocaron al borde de provocar una tragedia y que cualquiera de ellos pudo haber quitado la vida a un inocente por una decisión irresponsable.
El funcionario dejó claro que la liberación no era una licencia para minimizar el peligro, sino un llamado urgente a reflexionar antes de reincidir. Subrayó que la línea entre una falta administrativa y un desenlace fatal puede ser extremadamente delgada cuando el alcohol se mezcla con el manejo.


