El gobierno mexicano ha escalado la tensión diplomática con Washington al calificar de manera formal como una violación a la soberanía nacional y un acto de intromisión ilegal la captura del capo Ismael “El Mayo” Zambada, ocurrida en territorio estadounidense.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo acusó directamente a la administración norteamericana de sostener una estrategia basada en omisiones y versiones contradictorias, señalando en particular al exembajador Ken Salazar por haber faltado a la verdad en los informes iniciales entregados a las autoridades locales.
El diferendo escaló tras un profundo análisis de los reportes bilaterales coordinado por la Secretaría de Relaciones Exteriores y el especialista en asuntos de América del Norte, Roberto Velasco Álvarez. De acuerdo con el Ejecutivo Federal, Washington modificó radicalmente su narrativa original; “Mientras al principio se deslindó de cualquier participación activa en el vuelo que trasladó a Zambada y a Joaquín Guzmán López, posteriormente las propias agencias estadounidenses terminaron exhibiendo la logística y el uso de una aeronave como parte de una operación planificada en suelo mexicano sin el consentimiento ni conocimiento del Estado anfitrión”.
Ante lo que la presidencia define como un operativo encubierto unilateral, se ha instruido a la Fiscalía General de la República (FGR) para que concentre sus esfuerzos en la carpeta de investigación abierta por el delito de secuestro y violación a la soberanía por la captura de El Mayo.
El gobierno mexicano sostiene que este incidente emula las peores prácticas de intervención extranjera del pasado, con la agravante de haber fracturado el orden público y detonado una sangrienta guerra interna entre facciones del Cártel de Sinaloa que hoy azota al noroeste del país.



