Exigen juarenses justicia tras hallazgo de cuerpos sin incinerar en crematorio “Plenitud; familias denuncian negligencia de autoridades y exigen respuestas concretas

Entre el dolor, la indignación y el hartazgo, decenas de familias se congregaron frente a las instalaciones de la Fiscalía General del Estado Zona Norte para exigir respuestas claras tras el hallazgo de cerca de 385 cuerpos sin incinerar en el crematorio “Plenitud”, algunos de ellos almacenados desde hace años, lo que ha destapado una crisis de dignidad humana y ha dejado al descubierto graves omisiones por parte de quienes debían supervisar estos servicios.

En un ambiente tenso marcado por el silencio contenido y el rostro desencajado de madres, hijos y hermanos, personal de la Fiscalía intentó explicar la dinámica que seguirá en los próximos días para revisar actas de defunción, formularios con señas particulares, vestimenta utilizada en los velorios y datos personales de cada difunto, con lo cual, aseguraron, se espera identificar la totalidad de los cuerpos en un lapso no mayor a dos meses, aunque la promesa no basta para quienes sienten que el abandono de sus muertos es un crimen que también merece justicia.

Los asistentes no pidieron favores ni mostraron paciencia, pues después de haber cubierto los gastos funerarios y vivido el duelo de una pérdida, aseguraron que lo mínimo que esperan es que las autoridades hagan su trabajo, ya que lo ocurrido no puede reducirse a un simple error administrativo, sino que representa una falla sistemática que lastima la dignidad de cientos de familias y que merece una investigación profunda con consecuencias reales.

Fernando Rocha, uno de los tantos rostros dolidos que se hicieron presentes, compartió entre lágrimas que lloró en el panteón por alguien a quien creyó haber despedido, aunque hoy, tras los hechos revelados, cree que quizá su familiar se encuentra entre los cuerpos olvidados en el crematorio y, aunque el dolor lo acompaña, encontrarlo sería al menos un acto de reparación emocional, pues vivir con la duda ha sido una tortura más larga que el propio luto.

Durante un recorrido entre los presentes, las voces se repitieron con fuerza y sin miedo, no solo para reprochar la falta de vigilancia y el silencio institucional, sino también para exigir que se finquen responsabilidades, que se diga quién permitió que esto ocurriera y por qué se toleró que durante tanto tiempo los cuerpos permanecieran almacenados sin ningún control, porque los muertos merecen respeto, pero los vivos merecen la verdad.

De la redacción

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