Por Ana Muñoz de la Torre.
Analista Geopolitica independiente.

1. LA VICTORIA ESTRATÉGICA DEL QUE RESISTE.
El memorándum de Islamabad es la fotografía de una derrota imperial. Estados Unidos, que llegó al Golfo con sus portaaviones y sus promesas de demolición, se sienta ahora ante una mesa en la que no ha podido imponer ni una sola línea roja. Irán, el país asediado durante más de cuarenta años, ha logrado que el imperio acepte lo impensable: la retirada sin condiciones, el fin de la guerra en Líbano, la liberación de sus activos y, sobre todo, el reconocimiento de que el estrecho de Ormuz es un asunto entre ribereños. La pluma del acuerdo la ha empuñado el que resistió. El que invadió, solo puso la firma del derrotado. Tal y como vaticiné, EEUU se sale de la guerra, dejando solo a Israel frente a la determinación de Irán de acabar para siempre con el hostigamiento del Estado de Israel.
2. ORMUZ: EL CEMENTERIO QUE NUNCA FUE.
Washington soñó con patrullar Ormuz como quien pasea por su jardín. Pero el jardín estaba minado. Ahora, el texto del memorándum excluye explícitamente a Estados Unidos de cualquier papel en la gestión del estrecho. Serán Irán y Omán quienes decidan el futuro del tránsito marítimo. Es la muerte definitiva del “policía del Golfo” y, con toda probabilidad, el principio del fin de su hegemonía mundial. La geografía y la resiliencia de un pueblo unido han hablado: allí donde el agua se estrecha, la soberanía se ensancha. Y las olas del Golfo, que antes lamían los cascos de los destructores, ahora solo arrastran la resaca de la humillación imperial.
3. EL PROGRAMA NUCLEAR: LA LÍNEA ROJA QUE NO SE BORRA.
Irán ha conseguido lo imposible: firmar la paz sin desmantelar su programa nuclear. El texto lo deja claro: el enriquecimiento sigue, el material fisible sigue en manos iraníes, y las negociaciones durante los próximos sesenta días no partirán de renuncias previas. Es la confirmación material de que la disuasión funciona. Porque el imperio solo negocia de verdad cuando sabe que la alternativa es la derrota. Los centrifugadores siguen girando, y con ellos, la historia de un país que decidió no arrodillarse.
4.ISRAEL: EL ALIADO QUE SE QUEDA SIN PARAGUAS.
Mientras Teherán y Washington acercan posturas, Israel se desangra en su propia arrogancia. Lapid y Lieberman acusan a Netanyahu de “derrota estratégica”. La ministra Gamliel declara abiertamente que no aceptarán el acuerdo y que mantendrán la ocupación del sur del Líbano. Su aislamiento internacional ha comenzado. Sin Estados Unidos, Israel será, en breve, un Estado paria incomunicado que solo sabe hablar el lenguaje de la guerra. Y el lenguaje de la guerra, en Oriente Medio, lo hablan mejor quienes llevan décadas resistiendo. La tercera fase de la guerra, la fase final, está a punto de comenzar.
5. LÍBANO: EL FRENTE QUE NO SE APAGA.
El memorándum incluye explícitamente el fin de la guerra en Líbano. Pero Israel ya ha dicho que no lo acatará. Seguirá asesinando civiles, tratando de desarmar a Hezbolá, con el objetivo de tener el control hasta el río Litani. Es la enésima declaración de guerra disfrazada de estrategia. Hezbolá, mientras tanto, sigue en sus posiciones. La trampa que empezó en el sur y guió a las tropas del mal hasta el norte, mediante una estrategia de atrición, sigue activa. La Cúpula de Hierro sigue agujereada. Y cada día que Israel mantiene la ocupación, la Resistencia se fortalece. La paz no existe entre las bombas. Y en el sur del Líbano, las bombas seguirán silbando.

